Muertos: hablo con vosotros.
Que me he enterado que escucháis.
Tan muertos no estáis. O sí...
Lo dudo.
Quizá la muerte sea la duda. Y los muertos
escuchen cuando dudo.
Allá va este mensaje en esta botella,
por si engrana en lo que no funciona vuestro.
Porque... está claro que si necesito comunicarme
es porque vosotros necesitáis escucharme.
Otra cosa es el orgullo, que lleva a la desesperanza,
después de a la mentira.
Allá va este mensaje que lanzo al mar de internet.
Navegará eternamente, si no llega a su destino,
al destino donde se hace efectiva la comunicación, el contacto
con el que surge luz.
Navegará eternamente, salvo entonces.
Muertos: hablo con vosotros.
Que me he enterado que escucháis.
Tan muertos no estáis. O sí...
Lo dudo.
Quizá la muerte sea la duda. Y los muertos
escuchen cuando dudo.
Allá va este mensaje, que no morirá nunca
mientras no llegue a su destino. O mientras el
destino equivocado... si es que un destino puede ser equivocado.
Lo dudo. Lo muero.
Allá va este mensaje al que da salida la mar de mis emociones.
Y con eso debiera bastar. Y no basta.
Quiero que llegue a ti. Quiero que te enamore.
Aunque ahora que lo digo...
También lo dudo. Lo muero.
Y creo que solamente en los sueños te puedo tener.
Y que los hijos son fantasmas ahora.
Y que las experiencias, si te tuviera realmente,
jugarían con los hijos... y con la enfermedad.
Así que he tenido este hijo. Fruto de mi amor por mí.
Que es tanto como el que siento por ti. Igual.
Y lo comparto, este hijo, este mensaje,
con este mensaje.
Ya me he liado... una vez más. Aunque sé lo que digo.
Y es esto:
"Muertos: hablo con vosotros.
Que me he enterado que escucháis.
Tan muertos no estáis. O sí...
Lo dudo.
Quizá la muerte sea la duda. Y los muertos
escuchen cuando dudo."
Y con esto doy salida a la mar de las emociones mías, tuyas. De otros.
Doy salida a este mensaje desde la mar de las emociones mías,
tuyas, de otros. Desde ellas, con ellas.
¿A dónde?. Porque... muertos... si lo estáis, os digo:
no hay lotería en las comunicaciones. Sólo si creéis falsamente que no os podéis comunicar.
Entonces sí, creedme, entonces enviad mensajes.
Que para que uno llegare debéis también creer en los milagros.
Si yo sé que los milagros no existen
es por que lo que para unos son milagros, porque no quieren creer en la verdad,
para otros, para mí existe sólo una verdad, un milagro:
la comunicación.
Muertos: hablo con vosotros.
Que me he enterado que escucháis.
Tan muertos no estáis. O sí...
Lo dudo.
Quizá la muerte sea la duda. Y los muertos
escuchen cuando dudo.
Y me despido de vosotros. Porque necesito no dudar y dudo,
más que siempre, de que creáis en la verdad.